Grandes panificadoras tradicionales arrebatan mercado a sus competidores industriales

Las panificadoras tradicionales como La Esperanza, Lecaroz y La Espiga dejaron de ser ‘pan comido’ para sus competidores industriales. La expansión de las primeras tiene que ver con la apertura de zonas especiales y la cercanía con el consumidor.

Panificadoras tradicionales como La Esperanza, Lecaroz y La Espiga apostaron por modernizarse, al cambiar su imagen de expendios de ‘barrio’ a establecimientos más sofisticados y tipo gourmet, con lo que dejará de ser ‘pan comido’ para sus competidores industriales como Bimbo, Wonder, Oroweat, y Nature´s Own, que cedieron terreno en México entre 2007 y 2017.

Durante la última década las panificadoras industriales perdieron 10.3 puntos porcentuales de participación de mercado, misma ‘ración’ que ganaron los negocios tradicionales como Lecaroz, La Esperanza, la Espiga y las más de 55 mil 600 panaderías que operan en el país, según datos del INEGI.

La expansión de estos negocios tiene que ver, entre otras cosas, con la apertura de zonas especiales para degustar sus productos como baguettes, tortas, pizza y café, además de rosticerías y una línea de productos bajos en calorías, gourmet, postres y bocadillos para eventos.

Además, les ha favorecido la cercanía con el consumidor, al ubicarse en estaciones próximas a centros de transporte y de trabajo. Incluso, La Esperanza abrió su tienda en línea para atender a una clientela más joven, con opción de pago electrónico mediante Pay Pal.

En 2007 las panificadoras industriales tenían una participación de 63.5% del mercado, lo que significa que han perdido 10.3 puntos porcentuales en una década, al finalizar 2017 con alrededor de 53.2%. En contraste, las tradicionales pasaron de 36.5% a un estimado de 46.8% al cierre del año pasado, de acuerdo con el índice de manufactura del INEGI.

Además, tras modernizarse, los negocios tradicionales de venta de pan elevaron sus ventas hasta un 30% frente a los industriales, que incluso tuvieron caídas promedio en ingresos de 3.8% durante el año pasado.

Carlos Otegui, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Panificadora (Canainpa), afirmó que las cadenas tradicionales que se modernizaron lograron responder a las necesidades de un público cada vez más deseoso de productos atractivos y de calidad.

“Claro que ayuda el cambio de imagen de las cadenas de pan, porque el modelo de panadería tradicional ya está muy desgastado y deteriorado. Cada vez las personas exigen más un producto de calidad y atractivo, lo que ayuda a estas cadenas a tener un incremento de alrededor de 30 por ciento en sus niveles de ventas, frente a otras panaderías que no han realizado una inversión para mejorar sus espacios”, explicó el ejecutivo.

Agregó que la renovación y una mayor oferta de productos como café, comida preparada, panes bajos en calorías y espacios en dónde comer, han sido esenciales para el crecimiento de estas empresas.

Un ejemplo de ese éxito es La Esperanza, empresa fundada en 1975 y que al cierre de 2017 contaba con un valor de mercado de 177.3 millones de dólares, más del doble del que registró El Globo, propiedad de Bimbo, al alcanzar 76.2 millones de dólares, de acuerdo con la consultora Euromonitor International.

Medida en términos de unidades, La Esperanza reportó un crecimiento de 50 por ciento del 2014 al cierre del 2017, al llegar a operar más de 80 sucursales en la Ciudad de México, Hidalgo, Morelos y Querétaro.

Algunas panaderías como La Esperanza y Lecaroz han hecho alianzas con productores de endulzantes bajos en calorías como Metco, para crecer su línea de pan.

“Nuestro producto va enfocado a panaderías que tengan un espíritu de innovación y de diferenciación, por lo que hacemos un trabajo en conjunto con las cadenas como Lecaroz y La Esperanza, entre otras, para explicar las bondades de un pan con cero calorías”, dijo al respecto Lourdes Treviño, directora comercial de Metco, empresa de endulzantes.

El Financiero buscó entrevistas sobre el tema con Lecaroz, La Espiga y La Esperanza, pero al cierre de la edición donde se publicó esta nota no tuvo respuesta.

Fuente: El Financiero