La comida del futuro se cultiva en un laboratorio

Una universidad de Países Bajos se sitúa en el epicentro de la revolución tecnológica aplicada a la producción de alimentos. Así utilizan la genética, los sensores y la inteligencia artificial.

Cambiando el color de las luces de su invernadero Leo Marcelis puede modificar el olor, el sabor e incluso el contenido en vitaminas de sus tomates. Para que crezcan de forma más eficiente enciende la luz roja; para que las tomateras sean más pequeñas y los tomates contengan más antioxidantes sube el tono de luz azul; y para que los tallos sean largos y tengan menos ramas les aplica una luz roja oscura.

“La clave es lograr un equilibrio entre los diferentes colores”, dice el profesor de producción de cultivos de la Universidad de Wageningen de Países Bajos, mientras examina una sala con clima controlado con estantes llenos de tomateras en crecimiento. “Si consiguiéramos un tomate que tuviera el doble de vitamina C de lo normal, podría ayudar a una gran parte de la población mundial que tiene una ingesta insuficiente de dicha vitamina”.

Wageningen no es una universidad muy conocida, pero es una pieza clave de una nueva revolución que está empezando a influir en la industria alimentaria y en la producción agrícola. Junto con la Universidad de California en Davis y la Universidad de Cornell, ambas de EEUU, es uno de los centros de investigación líderes mundiales en tecnología alimentaria. Se le denomina el “Valle de los Alimentos”, en referencia a la innovación que genera al estilo del Silicon Valley y a la gran cantidad de start up y firmas de capital riesgo que está atrayendo.

Algunos inversores creen que la industria alimentaria está a punto de experimentar un cambio radical como el que ya ha producido la tecnología en muchos otros sectores. Tony Fadell, fundador de la empresa de termostatos inteligentes Nest (comprada por Google en 2014) y que ahora es un inversor en start up de París, opina que está a punto de llegar una oleada de innovación en la producción agrícola similar a la que cambió el mundo de la informática en la década de 1970, las finanzas en la década de 1980, las comunicaciones personales y empresariales en la década de 2000 y las relaciones sociales en la actualidad.

El gran interés por la tecnología agrícola y alimentaria se debe a varias tendencias importantes, como la creciente demanda de proteínas (especialmente de los países en desarrollo) y el mayor consumo de los habitantes de Occidente de productos más saludables y únicos. Esto ha dado lugar a una explosión de innovación científica que engloba la edición de genes, la inteligencia artificial y la tecnología digital y que se está aplicando a la producción de alimentos y a los cultivos.

Fuente: Expansión