La demanda alimentaria se transforma en EE.UU., con eje en los alimentos saludables

Las exportaciones agrícolas (150.000 millones de dólares en 2017) representan 30% de la producción estadounidense. Significa que la orientación y tendencias del sistema dependen fundamentalmente de la demanda doméstica, que experimenta una enorme transformación que obliga a reestructurar la totalidad de la estructura productiva (Reserva Federal / Kansas).

La población estadounidense envejece aceleradamente: 13% del total tiene ya más de 65 años, que sería 20% en dos décadas; y el único factor “rejuvenecedor” es la población inmigratoria, sobre todo latina.

De ahí la continua preocupación por los alimentos “saludables”. Por eso, desaparecen virtualmente las comidas formales, de composición compleja. Se buscan y priorizan las comidas simples, de alta calidad, con calorías reconocidas y trazables en su totalidad.

La obesidad se ha convertido en un rasgo constitutivo de la sociedad norteamericana: 69% de los adultos muestran sobrepeso o son obesos. La obesidad es una epidemia convertida en una cuestión nacional en Estados Unidos.

Más de 30% de la publicidad televisiva, por ejemplo, se orienta hacia este problema de salud y sus ramificaciones.

Esta tendencia ha mostrado benéficamente un drástico cambio generacional. Los jóvenes han dejado de consumir en sus desayunos –tradicionalmente, la principal comida norteamericana- todo tipo de bebidas azucaradas, fritos y grasas, y demás contenidos explosivos, que agravaban los problemas de salud.

El resultado es que el alimento más requerido en los desayunos norteamericanos es en la actualidad el yogurt griego y sus variantes, que reúne un alto contenido proteínico con la ausencia casi total de grasas.

Sólo los “pobres” norteamericanos siguen participando de esta tendencia alimentaria nefasta. Se estima que hay 40 millones de “pobres” en Estados Unidos, que son aquellos cuyos ingresos no les permiten satisfacer las necesidades básicas, incluso alimentación.

Por eso son los que reciben en gran escala los subsidios para la alimentación que distribuye el gobierno norteamericano (Foods Stamps Programa en inglés, o Programa Asistencial de Nutrición Suplementaria).

En este sector social se exacerba la epidemia de obesidad (abarca más de 60% de la población “pobre”): 7 de cada 10 niños menores de 10 años de este segmento social es obeso o incluso hiperobeso. Esto le fija un destino y establece un estado de salud.

La familia norteamericana ha cambiado para siempre. En 1950, más de 60% de las familias tenían 2 hijos o más, y ese porcentaje se ha reducido ahora a 28%; y más de 30% de los hogares a cargo de una sola persona (usualmente femenina) tiene 2 hijos o más.

Las comidas de “elite”, sofisticadas y saludables –sushis y otros- son cada vez más populares, lo que en el contexto norteamericano significa clase media.

La cadena Whole Foods, recientemente adquirida por el gigante Amazon, que vende productos de altos precios y extrema reputación en calidad y gusto, es extremadamente exitosa; y despliega una intensa campaña de publicidad con chefs de renombre internacional en todas las grandes y pequeñas ciudades norteamericanas.

Por último, la tendencia a la diferenciación es imparable en la industria alimentaria. Antes había 2 clases de café (negro y cortado), y ahora la cadena Starbucks ofrece 87.000 variedades.

La regla alimentaria en Estados Unidos es nítida: son las exigencias del consumo las que determinan la estructura de la producción.

Fuente: Clarín