La malnutrición está costando a México casi 30 mil millones de dólares al año

¿Se puede poner un precio al costo de una dieta desequilibrada? El Programa Mundial de Alimentos (PMA) lo tiene, y representa una cuantiosa factura.

La obesidad (alta ingesta de alimentos inadecuados) y la desnutrición (bajo consumo de alimentos), son dos caras de la misma moneda. Estos dos fenómenos, aparentemente separadas de la malnutrición, se presentan de manera conjunta en los mismos países, comunidades e incluso familias. Esto se conoce como la “doble carga de la malnutrición”, que incurre en altos costos económicos para los países en donde está presente.

En los últimos 20 años, la región de América Latina y el Caribe ha logrado importantes avances en la reducción de la desnutrición, pero al mismo tiempo también se ha producido un aumento del sobrepeso y la obesidad, además de enfermedades crónicas relacionadas.

En 2017, un estudio innovador del Programa Mundial de Alimentos ha puesto un precio a esta doble carga, mostrando cómo los países latinoamericanos están pagando directamente el costo por la malnutrición a través de la atención médica y la escolarización, e indirectamente a través de la pérdida de productividad de la población afectada.

El estudio analizó datos de Chile, Ecuador y México, y estimó que el impacto combinado de la doble carga de malnutrición representaba una pérdida neta del 4.3% del Producto Interno Bruto (PIB) anual (equivalente a 4,300 millones de dólares) en Ecuador y del 2.3% (28,800 millones de dólares) en México. En el caso de Chile, donde ya se ha erradicado la desnutrición, el costo es del 0.2% (500 millones de dólares).

Aquí están las principales razones

La desnutrición afecta el potencial educativo: La desnutrición afecta la educación de los niños de dos maneras. En primer lugar, una alimentación inadecuada durante los primeros mil días de vida, desde la concepción hasta su segundo cumpleaños, genera un menor desarrollo cognitivo. En segundo lugar, al no tener suficientes nutrientes durante la edad escolar, generan problemas para concentrarse en clase, afectando su rendimiento escolar. Por lo tanto, los niños subalimentados tienen mayores probabilidades de repetir los años escolares, generando un costo para los gobiernos y las familias.

El potencial educativo desaprovechado conduce a la pérdida de productividad: Los niños que sufren de desnutrición son más propensos a tener un desarrollo cognitivo deficiente y niveles educativos más bajos que aquellos con una alimentación adecuada, limitando su potencial de trabajo a lo largo de su vida. Al ingresar a la población económicamente activa, su contribución puede verse limitada.

La muerte prematura por malnutrición se traduce en pérdida de productividad: La pérdida de productividad a causa de la muerte prematura, como resultado de la desnutrición, creó una carga significativa para las economías de los países. La muerte prematura por desnutrición significa que las personas dejan de formar parte o no forman parte de la población en edad económicamente activa.

El ausentismo laboral produce pérdida de productividad: Las enfermedades crónicas relacionadas con el sobrepeso y obesidad pueden provocar días laborales perdidos en visitas médicas, reposos obligatorios o ausentismo por enfermedad. Los estudios sobre ausentismo laboral han encontrado que los trabajadores con sobrepeso y obesidad están ausentes del trabajo más días al año debido a una enfermedad, independientemente del tipo de ocupación.

La desnutrición tiene costos directos de atención médica: Tanto la desnutrición como el sobrepeso y obesidad están asociados con los costos en el sector de la salud. Los niños que sufren de desnutrición tienen mayores posibilidades de contraer enfermedades, principalmente diarrea e infecciones respiratorias. La nutrición puede conducir a enfermedades no transmisibles como diabetes tipo II, hipertensión y cáncer. Aunque los efectos sobre la salud pueden ser de inicio lento, generan repercusiones a largo plazo y requieren años de atención médica.

Según el estudio, aunque la desnutrición está disminuyendo, se espera que la obesidad y sobrepeso se conviertan en la mayor carga social y económica de la región. Los autores recomiendan que los gobiernos promuevan la educación de los consumidores a través de políticas e incentivos claros para generar un etiquetado de alimentos confiable, programas de actividad física y el apoyo de programas comunitarios de educación nutricional. También alientan a la industria alimentaria a que colabore con los gobiernos para garantizar la producción, la disponibilidad y la accesibilidad de los productos alimenticios saludables, y para desempeñar un papel positivo y responsable en la educación de los consumidores sobre las opciones alimentarias positivas.

Fuente: El Heraldo de Saltillo